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Sobre Alonso Lujambio, la columna de @evillanuevamx
ALONSO LUJAMBIO
(*) Opinión del especialista en asuntos de transparencia y libertad de expresión e investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Ernesto Villanueva
México. D. F., a 3 de septiembre de 2012
Alonso Lujambio es (era) un hombre inteligente, ambicioso y sagaz. Un cáncer ha cambiado la vida de este personaje que ha suscitado el “apoyo moral” de sus compañeros senadores y de una parte de la opinión pública. Creo, por el contrario, que el ejercicio del poder y la enfermedad de nuevo muestran un rostro poco afortunado de la ambición política y la opacidad. Veamos.
Primero. En estas semanas he dedicado mis colaboraciones a esta simbiosis entre enfermedad y poder. No me voy a repetir a mí mismo, (Se pueden consultar mis textos enfermedad y poder y sobre el oasis michoacano en las ediciones 1866 y 1868 de Proceso) pero con Alonso Lujambio se puede advertir cómo la ausencia de socialización de conocimiento, la colusión y la doble moral se han convertido en una cortina de humo para ver un poco más allá de la nota informativa “cuidada” por razones de una ética anclada en la simulación.
Las declaraciones de Lujambio son dignas de un análisis que no debiera ser pasado por alto. Ha afirmado que: “”La verdad es que es una enfermedad difícil pero aquí estoy con mis hijos y con mi esposa, estuvimos 8 meses en Estados Unidos y probamos todo lo habido y por haber” (Reforma.29.08.2012). Hay varias interrogantes que aún no tienen respuesta:
¿Por qué el gobierno federal gastó del erario el pago de los mejores médicos en Estados Unidos que le permitiera al ex secretario de Educación pro bar “lo habido y por haber” para tratar su enfermedad? ¿Por qué en su traslado se utilizó una aeronave de la Fuerza Aérea Mexicana? ¿Cuál es el fundamento legal utilizado por el gobierno de Calderón que le hubiera permitido distinguir entre un seguro de gastos médicos mayores que sólo acepta generalmente urgencias en el extranjero y la cobertura especial, si ese fuera el caso, con Lujambio? ¿Cómo justificar que Lujambio debe tener la mejor atención del mundo y las personas de a pie el “seguro popular” de Calderón? Hasta ahora no hay respuesta alguna. Sólo un silencio cómplice.
Segundo. Alonso Lujambio no dejó lugar a dudas sobre su situación médica. Distintos medios coinciden en señalar que: “en silla de ruedas y con un parche en el ojo derecho, detalló que el cáncer le afectó el sistema nervioso central, lo que provocó que empezara a ver doble, motivo por el cual tuvo que recurrir a este aditamento para evitarlo. (http://ww2.noticiasmvs. com/noticias/ nacionales/se-registra-alonso-lujambio-como-senador-221.html).
Pareciera loable la sinceridad de Lujambio al hablar de su estado de salud, pero en realidad demuestra que no sabe que su propia circunstancia le debiera impedir ejercer un cargo de representación popular. ¿Qué médico en su sano juicio podría sugerir que el ejercicio de un cargo público es un aliado para combatir el cáncer? La sociedad tiene derecho a tener “gobernantes sanos” (The New York Times dixit). Ahora no podrá ser el caso.
Lujambio no podrá rendir al 100 por ciento en su nuevo encargo, pero cobrará como si lo hiciera. ¿Cómo justificar legal y moralmente esa situación? Peor todavía, el sentido común aconseja que precisamente por tener afectaciones “al sistema nervioso central”, Lujambio no podría estar en una comisión porque podría poner en riesgo al país ¿Se imagina alguien a Lujambio como presidente de la Comisión Bicamaral de Seguridad Nacional, de la de Seguridad Pública, Gobernación o de cualquier otra? ¿Cómo hará al menos para asistir puntualmente a las sesiones del Senado?
En otras palabras se tendrá que hacer una discriminación positiva y tratarlo desigual por su enfermedad, pero sin tocar un solo peso de sus percepciones, lo que no tiene racionalidad alguna. Es entendible que si durante el encargo se le detecta una enfermedad pueda invocar la incapacidad médica temporal. Nadie tiene el futuro asegurado. Pero este no es el caso. De manera pública se sabe que llega en un estado delicado de salud.
Tercero. Lo que pasa aquí es un ejemplo de lo que no debe existir. En México no se ha desarrollado como en las democracias una cultura de la dignidad ni del honor público. Por desgracia todo debe estar en la ley para tener al menos cierta seguridad sicológica de que pueda eventualmente cumplirse.
En ese tenor, estos casos deben regularse, al menos incluyendo los siguientes rubros en la Constitución y las leyes electorales, federal y locales: a) Deben introducirse exámenes médicos generales como requisito en la ley electoral, haciendo pública sólo aquella porción de información que pueda afectar el interés público, preservando así el legítimo derecho a la vida privada del gobernante; y b) Deben hacerse exámenes médicos y sicológicos anuales para evaluar si el ejercicio del poder no ha impactado en la salud de quienes ejercen cargos públicos de elección y de mandos superiores.
Alonso Lujambio por su bien y el de todos nosotros debe irse a su casa para seguir su tratamiento médico y con sus propios recursos. Es un absurdo, en cambio, que anteponga su interés político personal sobre el interés general sabiendo que sus capacidades están afectadas como él mismo lo ha reconocido.
Su propia ambición de poder ha hecho que renuncie voluntariamente a su derecho a la propia imagen y se muestre visualmente con todo desparpajo con las secuelas de su grave mal que será casi imposible revertir. De la misma forma pone de relieve la irresponsabilidad del PAN y el desprecio por sus electores al incorporar a una persona que sabía que sufre una enfermedad terminal como representante popular. El hecho de que nadie diga nada es ya un síntoma de que como sociedad tenemos todo por mejorar.
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Órganos garantes de #transparencia y crimen organizado
Artículo Editorial (*)
ÓRGANOS GARANTES DE TRANSPARENCIA Y CRIMEN ORGANIZADO
(*) Opinión del especialista en asuntos de transparencia y libertad de expresión e investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Ernesto Villanueva
México. D. F., a 14 de agosto de 2012
El viernes pasado asistí a impartir la conferencia magistral de clausura del Primer Congreso Jurídico de la COMAIP (la organización que organiza a los órganos garantes de transparencia del país) sobre los retos del diseño institucional de transparencia. Ahí afirmé varias debilidades del diseño y de quienes integran o han integrado los órganos garantes. Veamos.
Primero. Los órganos garantes de la transparencia (llámense comisiones o institutos) surgieron con los mejores augurios y con la esperanza razonada de que habrían de fortalecer el novedoso derecho de acceso a la información pública. En el 2002 las circunstancias políticas no permitieron crear una Ley General (es decir aplicable a la Federación, entidades federativas y municipios) pero sí una ley parcialmente federal y una en cada entidad federativa con su respectivo órgano garante.
Eso creó una gran burocracia, pero se pensó que era más el riesgo para el país no construir ese amplio andamio jurídico que edificarlo. Así se hizo. Los resultados fueron desiguales.
Lo grave fue que las debilidades de los órganos fueron cada día más claras, de ahí la propuesta de Enrique Peña Nieto de dar un giro a lo que se ha hecho mal en los hechos aunque en el papel y en los comités de diseño se veía como una solución jamás, como un problema. A diez años de haber adquirido carta de naturalización formal el derecho de acceso a la información tiene frente a sí el reto de reformarse de manera sustantiva.
Segundo. Las razones de esta gran reforma probable no son pocas: a) Los órganos de transparencia violando la ley y su imparcialidad se convirtieron de facto en asesores o de plano redactores de las respuestas de información pública de los sujetos obligados particularmente del Ejecutivo; b) Algunos comisionados han sido denunciados por pornografía infantil; c) Otros se han convertido en elementos de legitimación y confirmación de negativas de información de cosas tan absurdas como sueldos de servidores públicos y gastos de publicidad oficial; d) Algunos más han sido acusados de acoso a sus compañeras consejeras o comisionadas ; e)Hay quienes se autootorgaron bonos ilegalmente; f) Hubo quienes crearon solicitudes ficticias para abultar el número de requerimientos con el fin de contar con mayor presupuesto; g) La gota que derramó el vaso fue la infiltración del crimen organizado y el narcotráfico en los órganos de transparencia.
En efecto, el presidente de un órgano de transparencia está siendo investigado por la SIEDO de la PGR por sus lazos con “La Familia Michoacana” y/o “Los Caballeros Templarios”, reconocidas organizaciones delictivas de alto impacto y que han sustituido en muchos partes las funciones reservadas al Estado mexicano. No podía pasar nada peor a los órganos garantes que esta presumible vinculación, según revelan audios en poder de la autoridad correspondiente y por razones del sigilo de la averiguación previa en curso no debe hacerlas públicas por ahora.
Tercero. En este contexto no es de extrañar que se quiera hacer una cirugía mayor al entramado legal actual para reconducir la transparencia hacia mejores destinos de los que ahora señalan estudios de distintos organismos nacionales e internacionales.
El más reciente del Foro Económico Mundial no ubica en modo alguno a México ni con medalla de bronce en transparencia, sino muy lejos de ella, a pesar de los cuantiosos recursos que se han destinado a este fin con resultados lamentables por nuestra subcultura política y grandes dotes para la corrupción y la simulación.
Lo único que en esta materia no podemos hacer es dejar las cosas como están. Hay activos importantes en la actualidad que por su talento y experiencia pueden aportar al país para cambiar lo reformable como Oscar Guerra Ford del Distrito Federal, presidente del INFODF; Raúl Ávila, comisionado de Oaxaca; Blanca Lilia Ibarra, presidente de la CAIP de Puebla y Jorge Gasca, presidente de la Comisión de Campeche, entre algunos más.
En esta reforma necesaria hay que aprovechar a quienes han demostrado aquellas partes que sí funcionan para aprovechar su experiencia para innovar manteniendo aquella parte de la continuidad que ha dado resultados. Habrá que ver si la necesidad de cambio logra ganar la partida a la inercia y a la burocracia que hará todo para que nada cambie.
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Vía: DIFUNET
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Medicina cara e inútil #transparencia #accesoalainformacion
Les comparto la colaboración del Dr. ERNESTO VILLANUEVA, investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, enviada por el servicio de DIFUNET.
México. D. F., a 10 de octubre de 2011
Desde hace tiempo me ha llamado la atención el por qué en México los medicamentos para atender las principales enfermedades que ocasionan el mayor número de muertes entre los mexicanos, según el INEGI, (enfermedades del corazón, tumores malignos y diabetes mellitus) son sustancialmente más caros que en prácticamente toda América Latina y los que aquí son baratos no necesariamente funcionan como debiesen. No es un asunto menor; antes bien, es un tema que erosiona día con día la salud de las personas que menos tienen y que no debería estar fuera del radar de la opinión pública. Existen datos que me permiten afirmar lo que aquí sostengo. Veamos.
Primero. El programa de “cobertura universal de salud” que ha privilegiado el Gobierno Federal como una de sus iniciativas de bandera de aparente beneficio social hace agua, entre otros rubros, en uno de los más importantes, medicamentos de calidad, baratos y suficientes. De poco sirve, suponiendo que se diera por cierta la buena voluntad gubernamental teniendo a los mejores médicos del país al servicio de la gran mayoría de la población, dotados, además, de los más sofisticados aparatos de tecnología de punta. ¿No es irónico que los diagnósticos de enfermedades se queden en eso: diagnósticos, porque los pacientes no tienen los recursos para comprar los medicamentos para curar o controlar sus enfermedades?
Como se sabe, las enfermedades las sufren los pacientes y las padecen sus familiares. De entrada, un estudio de la OCDE (Pharmaceutical Pricing and Reimbursement Policies in Mexico elaborado por Pierre Moïse and Elizabeth Docteur) sostiene, entre otras cosas que:
a) México en los últimos años ha legislado “fuertes medidas de protección” de la propiedad intelectual para proteger a la industria farmacéutica;
b) El IMSS y el ISSSTE durante 2005 y años después compraron 11% de medicinas de patente, 42% de genéricos intercambiables y 53% de genéricos no intercambiables. Cabe decir que estos últimos son medicamentos “patito” que no curan porque, “no han pasado por ninguna prueba de intercambiabilidad, por lo que aun cuando tengan el mismo principio activo, forma farmacéutica, cantidad de fármaco, etc., la forma de preparación o los aditivos que se usen en su elaboración pueden hacer variar su biodisponibilidad, o sea su comportamiento dentro del organismo” (COFEPRIS, preguntas frecuentes). ¿Sabía usted que el 53% de los medicamentos comprados por IMSS e ISSSTE, según la OCDE, eran inútiles para la salud pero nos han costado a todos?, y
c) Los precios de las medicinas en México han sido más caros que en Francia y Canadá, donde los salarios mínimos son al menos 12 veces más altos en relación con los de México.
Segundo. Si bien es verdad que ahora en México las patentes de medicinas tienen un periodo máximo de 20 años, como sucede en los países de nuestro entorno, también lo es que en el periodo de gobierno de Felipe Calderón se han establecido mecanismos de protección mayores que en América Latina. En efecto, de acuerdo al Reglamento de insumos para la salud, reformado el 5 de agosto de 2008, los aranceles para importación de medicinas en general es del 15%, más el pago de los altos costos de los servicios de agentes aduanales.
En Chile, a diferencia de lo que ha sucedido en México de que sólo los laboratorios podrían importar medicinas, se ha mantenido un mercado abierto desde hace 12 años. La Ley número 18.525 de Normas sobre la Importación de Mercancías al país, establece un arancel del 6%. Otro ejemplo, es el de Perú, en donde el Decreto Supremo número 073-2001-EF de abril de 2001 dispone que la importación de medicinas está sujeta a un arancel de 4%.
Como se puede observar, México contra el interés público, establece aranceles superiores al 200% en relación a los países de nuestro entorno cercano, de ahí el alto costo de las medicinas que se pueden adquirir en México. Sobra decir que la inmensa mayoría de los mexicanos desconoce que en muchísimas partes son más baratas las medicinas gracias a las gestiones proteccionistas del Gobierno Federal que no tienen comparación con lo que sucede en Centro y Sudamérica.
Tercero. En México, a pesar de tener una buena Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental de transparencia, no hay datos desagregados de acceso público de los costos de las medicinas, provenientes de distintos laboratorios, precios de importación, precios a gobierno y precios a particulares, ubicación de centros de mejores precios y disponibilidad de medicamentos. Esto, por el contrario, sí existe en países como Colombia a través de su Ministerio de la Protección Social que pone esa información en la web (http://www2.sispro.gov.co), lo que muestra un mejor compromiso con la sociedad.
En México, con la Ley de Transparencia de por medio, conseguir información como la que de oficio está disponible en Colombia sería todo un reto a la paciencia, la sapiencia y la resistencia, con un destino incierto. En el Perú, al igual que en Colombia, el Ministerio de Salud cuenta con un útil observatorio que ofrece precios y opciones de medicinas que dan un instrumento para optimizar el presupuesto ciudadano para comprar más con menos: (http://observatorio.digemid.minsa.gob.pe)
En suma, en México, tenemos medicinas caras para el pueblo. Las hay también baratas, (los genéricos no intercambiables). Pero que no sirven, hay ausencia de instrumentos de evaluación y seguimiento accesibles a las personas para que identifiquen opciones. Eso sí, existe una gran inversión publicitaria con dinero del pueblo que busca afanosamente convencer a la sociedad que el gobierno de Felipe Calderón ofrece algo que no existe, acaso sólo en la mente del primer mandatario. El mundo al revés.
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